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miércoles, 12 de julio de 2017

Grushenka

     

          Estaba boca abajo, agachada sobre manos y rodillas, como un perro, apretando los muslos y temblando. Leo se acercó a ella y le dijo que se apoyara en los codos. Cuando ella empezó a estirare, él le levantó el trasero y le apartó las rodillas para que nada pudiera impedirle penetrarla con facilidad.../...

.../... Sintió que una mano le abría los bordes y que la punta del poderoso aparato rozaba el blanco. Estaba inmóvil, pero contraía  involuntariamente los músculos de la entrada posterior. Cuando el príncipe empezó a empujar, no pudo entrar. Trató en vano de lograrlo, mientras Grushenka no hacía más que gritar y gemir de dolor. Aún cuando todavía no le dolía, adivinaba que muy pronto le dolería.  Todas en la habitación  se excitaron por aquella violación no acostumbrada, y las chicas que presenciaban aquello se encontraban en un estado de gran inquietud.../...

Una de las muchachas se levantó rápidamente y cogió del tocador un tarro de ungüento.  El príncipe, mirando hacia abajo, pudo ver como  la muchacha le untaba amorosamente el instrumento con el ungüento blanco; después vio  como lo hacía con el orificio pequeño y contraído de la joven, alrededor  y por fuera; luego, le introdujo cuidadosamente un dedo en el tubo, entrando y saliendo, y untándolo regularmente para suavizar el camino.

Grushenka , Tres veces mujer 
[fragmento]