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viernes, 21 de julio de 2017

Tal vez... un viaje

En las mansas corrientes de tus manos
y en tus manos que son tormenta
en la nave divagante de tus ojos
que tienen rumbo seguro
en la redondez de tu vientre
como una esfera perpetuamente inacabada
en la morosidad de tus palabras
veloces como fieras fugitivas
en la suavidad de tu piel
ardiendo en ciudades incendiadas
en el lunar único de tu brazo
anclé la nave.
Navegaríamos,
si el tiempo hubiera sido favorable.


Cristina Peri Rossi

viernes, 14 de julio de 2017

Secreta



Soy
la amante.

No
me mires con desprecio.

No tengo el número dos
en la frente
ni
sus besos ansiosos
me han abierto llagas.

Soy
la amante
la que tiene todos los sueños
del mundo
y los secretos.

Elena Vera

lunes, 10 de julio de 2017

En Vano


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?



 Alfonsina Storni
-La Caricia Perdida-

domingo, 2 de julio de 2017

Crows



Dame la mano y vamos
ya dame la.
 Por la calle del bar El globito
pasan abrazados, parecidos entre sí.
Escuchan Counting Crows, grupos así
que la gente olvidará en serio.
Ella se duerme a la noche pensando 
nombres de nena. 
Él, es poeta y dice: 
Quisiera no escribir
malas palabras en el poema. 
Quisiera 
verte la cara brillando, brillando.
Y así se duerme él. 
Cuando llegó con el walkman
hecho pedazos y una parte en tres
descangallada supe que
escuchaba Counting Crows
grupos así, que la gente olvidará
¡en serio!
 Supe que años más tarde, 
en una salida casual
con chicas bien vestidas alguien diría:
"La vida es fascista"
 y en el fondo, de fondo,
 se escucharía Counting Crows
y ustedes, ellos, se mirarían sabiendo que
o tal vez, en un viaje en auto, 
a Rosario por ejemplo, pasarían 
por la experiencia
de ver un perro descangallado 
al borde de la autopista
que hiere y es herida 
a la vez y pasarían
por la radio un tema de los Counting 
y tardarían 
poco en mirarse por el espejo 
retrovisor como en la salida
tardarían poco en emocionarse y mirar la salida
recordando el tiempo 
de las malas palabras 
en los poemas 
y también recordando pensar
en las posibles derivaciones sexuales de esa amistad.
Quiero escribir los versos más bailables 
esta noche.

 Quiero verte bailar como un

perro, entero.


Marina Mariasch - Crows

martes, 27 de junio de 2017

Agua sexual


[ Photo by Nikola  Borissov]

Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría,
pegando en las costuras del alma,
rompiendo cosas abandonadas,
 empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo,
más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso,
y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar
y la mitad del alma en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

Agua sexual
Pablo Neruda

miércoles, 21 de junio de 2017

Y a mi...


[Peter Coulson]


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

Espantapájaros
de
Oliverio Girondo



lunes, 19 de junio de 2017

La voz en la niebla



Los Ángeles son nuestros:
 son nuestras alas rotas;
son las anclas dormidas 
sobre lechos de herrumbres,
en la raíz penosa de la tierra.
Es nuestra voz de niebla
 y de distancia:
-esa que no pudimos usar en el instante
de elegir el camino marinero.
Los ojos de los Ángeles 
no duermen:están en nuestras órbitas
 salobres buscando el necesario reverso de la luz.
 Y sus labios sumisamente eligen
las palabras que nombran la morada del sueño.
Sus manos son jazmines sellados de silencio, 
junto a una cruz de nieve, eterna y pura

Delfina Acosta

viernes, 9 de junio de 2017

Milonga de dos hermanos



Traiga cuentos la guitarra
de cuando el fierro brillaba,

cuentos de truco y de taba,
de cuadreras y de copas,
cuentos de la Costa Brava
y el Camino de las Tropas.

Venga una historia de ayer
que apreciarán los más lerdos;
el destino no hace acuerdos
y nadie se lo reproche
ya estoy viendo que esta noche
vienen del Sur los recuerdos.

Velay, señores, la historia
de los hermanos Iberra,
hombres de amor y de guerra
y en el peligro primeros,
la flor de los cuchilleros
y ahora los tapa la tierra.

Suelen al hombre perder
la soberbia o la codicia:
también el coraje envicia
a quien le da noche y día
el que era menor debía
más muertes a la justicia.

Cuando Juan Iberra vio
que el menor lo aventajaba,
la paciencia se le acaba
y le fue tendiendo un lazo
le dio muerte de un balazo,
allá por la Costa Brava.

Así de manera fiel
conté la historia hasta el fin;
es la historia de Caín
que sigue matando a Abel.

Jorge Luis Borges

miércoles, 7 de junio de 2017

Entre punzada y puntada

Entre punzada y puntada 
me declaro loca, demente ... [in]Sana
que pedalea bajo la lluvia 
que grita por las ventanas.

Entre puntada y punzada 
soy sirena con tacón de aguja
que aúlla en las madrugadas
loba fiel que clava sus dientes 
si la atacan los cobardes 
o algún tal caballero insolente.

Que si soy sirena,
el mar es mi mundo,
y es que mi canto se escucha
 en noches insomnes
y mi grito, mi desgarro
quien osó sencillamente
ultrajarlo.

Sí soy sirena 
mujer con tacón de aguja
aire, fuego, agua, tierra
soy mujer 
y no una mujer ...
...cualquiera
© MaRía
[Photo : Krakow by Adamus Hubert]


Los locos corren
por el pasto sin gritos
por la pradera venenosa
y por la piel, entre la luna.

Y los locos giran
sin temor al mareo.
De la casa al árbol,
de la ayuda al horror.

Cuando uno de los locos hable,
los cuerdos, retozando en la penumbra,
oirán el ruido
y verán las verdades.

Los locos que parecen aprisionados
por la muerte selecta del escándalo
tienen pechos rugosos
y bordeados de lumbre.

Y los locos lo saben.

Desde su atónito lenguaje,
por intersticios de meninges espectaculares,
los locos se precipitan
a paralizar el mundo de la muerte.

Aunque más no sea,
para sentarse a llorar.

No hay soles en sus días
Y en sus noches
sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado.

Por eso,
y porque la ventosa de fuego
rebalsa de temor
ante la fantasía de los sanos;
el obturador de los locos está presto
como una lanza.

Y al perforarnos de una vez
con una certera puntada entre la vida y el cielo


Los locos - Luis Alberto Spinetta

miércoles, 31 de mayo de 2017

Canción para bañar la luna


Ya la Luna baja en camisón 
a bañarse en un charquito con jabón. 
Ya la Luna baja en tobogán 
revoleando su sombrilla de azafrán. 
Quien la pesque con una cañita de bambú, 
se la lleva a Siu Kiu. 


Ya la luna viene en palanquin 
a robar un crisantemo del jardín 
Ya la luna viene por allí 
su kimono dice no, no y ella sí. 
Quien la pesque con una cañita de bambú, 
se la lleva a Siu Kiu. 



Ya la luna baja muy feliz 
a empolvarse con azucar la nariz 
Ya la luna en puntas de pie 
en una tacita china toma té 
Quien la pesque con una cañita de bambú, 
se la lleva a Siu Kiu. 







Ya la luna vino y le dio tos 
por comer con dos palitos el arroz 
Ya la luna baja desde allá 
y por el charquito-quito nadará 
Quien la pesque con una cañita de bambú, 
se la lleva a Siu Kiu



María Elena Walsh



viernes, 7 de abril de 2017

El Baño



Hay una ducha al fondo
de la casa
y cada tardecita
después del calor, el río
los mates, las conversaciones 
sudorosas en el porche
es la hora del baño

Atravieso los ligustros
dejo la toalla en una rama
el jabón 
sobre un tronquito
hachado al ras; un mínimo 
preparativo antes de hacer 
correr 
el agua 
Fría al comienzo
después más tibia
llega la que el sol
abrasó en el tanque 
de fibrocemento
el día entero
Al aire libre
la caña de ámbar
vuelve encantamiento,
el rito diario;
me lavo la cabeza
me bajo los breteles,
la malla y vigilo, casi 
con inconsciente cuidado
que los sonidos sean 
los habituales: 
algún zorzal 
que levanta vuelo
una gallineta que picotea
las últimas migas 
en el pasto, esa quietud 
atardeciendo
las casas vecinas
y la variedad inabarcable
de hojas y ramas en el monte
extasiadas rozándose


Me enjabono
la espalda, los hombros 
arden y otra vez el agua
reciben plácidos, 
más sensible 
el borde sin solear
del cuerpo siempre enmallado;
los pelitos de la vulva emblanquecen 
con la sedosa jabonada
y los pezones se agrandan
bajo las marcas 
geométricas del escote 


Abro por completo la ducha
y el caudal
cae a brochazos
casi helada me apura
fuera del letargo 
de la respiración;
hasta que cierro y vuelvo
al calor de las telas
al sigilo en la toalla
mientras el agua 
por la zanjita 
perfumada corre
como un suspiro aliviado
como un instante amoroso
y su exigente vigilia


No sabe nadie
nadie presencia
mi tarde detrás
del arroyo;
piedrita que alguien regala
y al aceptarla toma 
la forma de tu mano;
no tiene valor
no se cotiza
ni siquiera se pone
en una vitrina
de objetos exóticos;
se vive con poco
con nada
se hace un reino



El Baño-Alicia Genovese

sábado, 4 de febrero de 2017

De monjas y cuervos


Golpean con soles
nada se acopla con nada aquí
y de tanto animal muerto
 en el cementerio de
huesos filosos de mi memoria

Y de tantas monjas como cuervos
 que se precipitan a hurgar
entre mis piernas
la cantidad de fragmentos me desgarra
impuro diálogo
un proyectarse desesperado de la materia verbal
liberada a sí misma
naufragando en sí misma.



El infierno Musical.

 Alejandra Pizarnik 

martes, 20 de diciembre de 2016

Intimidad


La noche vuelve secreta
a tantear mi cuerpo,
me penetra lenta y suave
me abro
como una flor nocturna.....

Orietta Lozano

lunes, 25 de agosto de 2014

La muerte de los amantes



Poseeremos lechos colmados de aromas
Y, como sepulcros, divanes hondísimos
E insólitas flores sobre las consolas
Que estallaron, nuestras, en cielos más cálidos.

Avivando al límite postreros ardores
Serán dos antorchas ambos corazones
Que, indistintas luces, se reflejarán
En nuestras dos almas, un día gemelas.

Y, en fin, una tarde rosa y azul místico,
Intercambiaremos un solo relámpago
Igual a un sollozo grávido de adioses.

Y más tarde, un Ángel, entreabriendo puertas
Vendrá a reanimar, fiel y jubiloso,
Los turbios espejos y las muertas llamas.

Charles Baudaleaire